sábado, 27 de marzo de 2021

MINDFULNESS EN LAS AULAS EN TIEMPOS DE COVID

Parar y conectarse al cuerpo; no sólo es sencillo y muy curativo, sino que en estos tiempos, es muy necesario. Debemos acostumbrar a nuestros niños a parar y escuchar el cuerpo, a darse cuenta de las señales que le muestra, a reconocer su sabiduría y estar presente con él.  

 


Es en el cuerpo dónde sucede todo. En el cuerpo sentimos, experimentamos, pensamos, sufrimos y nos curamos. El cuerpo es nuestro vehículo a lo largo de la vida. Es más capaz e inteligente de lo que muchas veces nos pensamos. Se adapta y se modifica constantemente con el paso del tiempo, con cada cambio de estación. 

El cuerpo es nuestro libro sagrado al que acudir cuando estamos perdidos. Él esconde nuestros secretos más ocultos y posee la respuesta a cualquier decisión. Cuando nos damos cuenta que algo en nosotros nos dice que no tomemos ese camino o que nos replanteemos cómo hemos actuado ante algo o alguien, podemos escuchar el cuerpo. En sus formas más sutiles nos avisa de emociones casi imperceptibles pero que están ahí, queriendo ser vistas. 


Abrir la consciencia al cuerpo es un aprendizaje más valioso de lo que muchas veces podemos imaginar cuando lo experimentamos por primera vez.

Puede ser a través de la atención de tu cuerpo respirando, a las sensaciones del tacto en tus manos, a la consciencia de tu temperatura corporal o tu peso, a la exploración abierta de tus sentidos escuchando más que nunca o mirando con total atención aquello que siempre ha estado ahí. Pero una vez que  exploras esta capacidad por primera vez, siempre podrás volver a ella. Ya conoces el camino para estar más atento, más consciente. 

 

 

Si estás pensando en acompañar a niños y niñas por este viaje o ya lo estás haciendo; es posible que te identifiques con alguna de estas circunstancias o tips para guiarles.

 

1. Parar poco a poco

La realidad es, que por las circunstancias que vivimos, nos hemos adaptado a una vida más sedentaria. Mucho tiempo en casa, menos socialización y juego libre... Esta carencia tan importante en la infancia se puede observar con facilidad cuando tratamos de que los niños estén totalmente quietos y atentos. Vemos como para muchos niños es realmente dificil, y esto hace que explorar el cuerpo con atención sea un gran reto.

 


Una propuesta que puede ayudarte es comenzar todas tus sesiones con movimiento. Puede ser en posición de pie o sentados formando un círculo. Dedica unos 5 minutos a generar un movimiento abierto y libre en el cuerpo que promueva liberar tensiones y soltar. Algunas ideas pueden ser: 

  • Moverte en péndulo de un lado para otro
  • Moverte de punta de los pies a talón
  • Permitir el movimiento libre de toda la columna vertebral, brazos, manos y cabeza con movimientos redondeados
  • Inspirar subiendo las manos y expirar bajando las manos (movimiento coordinado)
  • Tensar el cuerpo y soltar junto a una gran expiración (dejar que suene por la boca "Aahh")
  • Buscar estiramientos en el cuerpo que liberen dolor: Brazos arriba, hacia los lados, plegarse con las manos en el suelo, girar la espalda...

Permite que estos movimientos se realicen libremente. Si notas que algun niño/a casi no se mueve, comprende que esa es su necesidad. (Invítales a que no estén parados del todo y realicen un movimiento muy pequeño en péndulo si no les apetece moverse) Intenta que no te imiten sino que busquen su movimiento auténtico. Invítales a cerrar los ojos y explorar los movimientos de esta forma. 

Guíales a lo largo de esta fase con preguntas que les ayuden a darse cuenta sobre cómo sienten su cuerpo. "Mientras te mueves, ¿puedes darte cuenta de cómo sientes tu cuerpo en este momento? ¿Está cansado, energético? ¿ Sientes dolor, pesadez o agilidad, ligereza?

 


Para practicar movimiento consciente te puede ayudar usar música que acompañe el proceso y que temporalice este estado de movimiento. Los niños pueden saber que cuando la música deje de sonar poco a poco van dejando que el cuerpo vaya reposando suavemente en la quietud. Termina con las manos en el corazón y aprovecha esta apertura del cuerpo para enviar deseos amables hacia uno mismo "Deseo estar feliz" "Deseo tener un día divertido y aprender muchas cosas nuevas" "Deseo no enfadarme y poder estar tranquila" 

 

 


2. La resistencia a cerrar los ojos

En estos tiempos es normal sentir miedo. Quizás no es una emoción que hayas experimentado con frecuencia antes. Quizás eres de esas personas confiadas y con fortaleza que suelen animarse a realizar nuevos proyectos y les gusta explorar lo desconocido; pero en estos tiempos te sientes distinta, cómo más prudente, más cerrada en ti misma y con menos ganas de cambios. Si es así, te aseguro que es normal. Piensa cuanta información y mensajes nos han llegado a todos, alertándonos de peligros, tratando de protegernos...¿Es normal sentirnos más precavidos, no crees?


Los niños y niñas también han madurado su sistema nervioso a lo largo de estos meses para estar en modo de emergencia. Se han activado ante el peligro y lo demuestran con su inagotable curiosidad y sus constantes preguntas ante cualquier cambio. 

Cuando les pidas que cierren los ojos, comprende que les pides que abracen todo aquello que esté en su interior. Sé cariñosa, sé prudente y no fuerces ningún proceso. 

Puedes probar con invitaciones..." Ahora, deja que tus ojos se cierren suavemente para poder sentir tu cuerpo respirando" " El mundo de las imágenes es muy atractivo y no te deja atender a tu interior, si no te apetece cerrar los ojos, quizás quieras probar a mirar un punto fijo en el suelo."

 

3. Cuando siento mi cuerpo, no siempre estoy bien 

Hay una idea equivocada sobre la práctica de la atención plena en la que se cree que cuando cierras los ojos y paras, siempre te vas a sentir genial, súper relajada y con una gran armonía. La realidad es que cuando pones tu atención en el cuerpo muchas veces hay calma pero en ocasiones, es posible que sientas incomodidad y molestias. Pueden ser físicas: dolor de espalda, de rodillas o pies o quizás emocionales: inquietud,  nerviosismo, aburrimiento...

 


Por ello es tan importante que enseñes mindfulness siempre y cuando, tú practiques mindfulness. 

Así sabrás acompañar estos estados difíciles. Podrás darles el apoyo que necesitan ¡porque tú lo has vivido! Y si logras ayudar, aunque sólo sea durante unos pocos segundos, a que un niño o niña, pueda estar con lo incómodo, le habrás regalado uno de los aprendizajes más valiosos de su vida.

 

4. Nos unimos a través de lazos invisibles

Estas distancias, tan poco naturales, deben romperse a través de lazos invisibles. Cuando te sientes con tus alumnos/as en un círculo para compartir una práctica de atención y silencio háblales de la importancia de que respeten al grupo, de lo valioso que es poder mirarnos a los ojos, de que respetar es valorar a cada uno de nosotros. Enséñales el poder de compatir en silencio. Invítales a sentir a sus compañeros con los ojos cerrados, a darse cuenta de que no están solos; que todos respiramos juntos.

 


5. Yo también estoy sufriendo

No se si a ti te pasa, pero yo me he dado cuenta de lo mucho que afecta a mis prácticas con los niños en el aula, mis estados emocionales. Cuando yo no estoy atenta, me siento inquieta o triste; parece como si todo el grupo estuviera menos concentrado. Hay menos quietud y silencio. 

 


A veces, es mi radar para reconocer que estoy sufriendo. Es como darme cuenta, que como guía, soy el sistema nervioso al que se conectan y si mis palabras no suenan amorosas y mi cuerpo está cerrado; el mensaje no se entiende, falta claridad y no hay anclaje. 

Trátate con cariño y amabilidad siempre pero cuando estés sufriendo; pon más intención en cumplir este propósito.

 

En estos tiempos, compartir consciencia, es un regalo. 


Gracias!